jueves, 18 de junio de 2015

¿Los colibríes engañados?

Estas reflexiones fueron originalmente publicadas en "El Telescopio", ¿Los colibríes engañados?

¿Los colibríes engañados?
Los puntos sobres las íes…


Leo en forma muy seguida a tuiteros que, frente a cada delito en que participan menores, recuerdan con pena que no se haya aprobado la reforma constitucional.  Ante cada delito cometido salen a propalar a los cuatro vientos que habría que “meterlos en cana y que se pudran”, seguido de una serie de consideraciones y recuerdos a la familia de Fabiana.

          Ni tanto, ni tan poco.

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Ya han pasado varios meses desde que decidimos no habilitar la reforma constitucional “por la baja”. Sin duda que tal resultado me dejó satisfecho, ya que fui un opositor a dicha reforma, pero el camino recorrido antes, y el no recorrido después me deja un sabor amargo, bastante más que amargo tal vez.
Repasemos.

El tan mentado proyecto de reforma intentaba elevar a rango constitucional la baja de la edad de imputabilidad, para llevarla a 16 años. Pero esto no era lo único. También intentaba crear un instituto de rehabilitación, mantener los antecedentes de los menores infractores más allá de sus 18 años, aplicarles el Código Penal y considerar como agravante el uso de menores para la comisión de delitos.

Mi posición, como saben los tuiteros que me siguen, fue contraria a la reforma.

En general, consideré que el tema requería solución legal, pero no una de rango constitucional.

Más específicamente, estuve en contra de bajar la edad de imputabilidad y parcialmente en contra de mantener los antecedentes de los menores sine díe o de aplicarles el Código Penal.

Por su parte estuve, estoy y estaré de acuerdo en crear un nuevo instituto de rehabilitación para menores infractores distinto a lo que hoy existe y también estoy de acuerdo en que el uso de menores sea un agravante, aunque para esto debería utilizarse la ley y no una reforma constitucional que lo torne estático y poco flexible, valga lo reiterativo.

Pero nada de lo anterior se discutió previo a la votación. Es más, a fuer de ser sincero, los defensores de la reforma intentaron discutirlo pero no tuvieron contrapunto. Por el contrario, cada vez que intentaban discutir estos temas, los contrarios a la reforma, encabezados por su cara visible salían con facilismos tales como “ser menor no es delito” o “quieren meter presos a los menores en cárceles junto con los mayores”. Machacaban con esta mentira una vez, y otra vez más. Y no se podía escuchar, salvo honrosas excepciones, más que este argumento falaz machacado una y otra vez.

Existen argumentos de peso para ser contrario a una reforma de este tipo, pero los mismos fueron ignorados o minimizados y en cambio se insistió con lo que parece ser un engaño. Ni uno sólo de los puntos a reformar establecía que los menores serían encarcelados junto con los mayores, o que por el sólo hecho de ser menor se iba a terminar preso, olvidando livianamente que había que delinquir, pero eso no importó. Inundaron la campaña o las intervenciones en medios de difusión con esta falacia.

Y sin duda tuvieron éxito. Si bien fue por un margen estrecho de poco más del tres por ciento, la reforma no prosperó, revirtiendo las tendencias abrumadoramente favorables que marcaban las encuestas previas.

Pero…

El tema de los menores infractores quedó nuevamente a la deriva sin nadie que se lo ponga al hombro. Los perdidosos poco podían hacer ya que la gente no había llevado a buen puerto su idea. Malo sería que, una vez a la vista el pronunciamiento de la ciudadanía, insistiesen con soluciones rechazadas por el soberano en una clara manifestación de democracia directa. Notoriamente ya no era su “responsabilidad política” llevar este tema adelante.

Todos, o al menos muchos de nosotros, teníamos puesto el ojo en los que se abanderaron en el combate contra la reforma. Fuimos muchos los que esperamos que la abanderada de los colibríes, junto a su equipo empezara su real tarea. Máxime cuando había dejado claro que no tenía otras apetencias políticas. Quedamos a la espera de proyectos de ley, de foros de discusión, de tantas cosas… Craso error. Nada se propuso, nada se discutió, y por el contrario, la Dra. Esc. Sra. Goyeneche se sumó rápidamente a la lista del hoy intendente de la capital como su suplente. No sólo eso, sino que ahora tiene un cargo oficial rentado en la Intendencia de Montevideo, como Directora de Desarrollo Social.

Que rápido pasó al olvido la falta de ulterioridades políticas que fue propalada a los cuatro vientos… Parece ser que a determinadas personas se les permite todo, lo cual es tremendamente dañino para la democracia. En un sistema político que se precie de democráticamente responsable las personas deberían hacerse cargo de sus afirmaciones por más tiempo que unos pocos meses. No deberíamos admitir que tan fácilmente puedan olvidarse de sus posturas en pos de un supuesto aprovechamiento político personal. No podemos admitir lo que supo ser postura oficial del anterior gobierno. No. Ni ahora, ni nunca. El fin no justifica los medios, ni cómo te digo una cosa te digo la otra, y menos aún aceptar como válido el corolario de que lo político está por encima de lo jurídico.

A determinados actores se les perdona todo, y a otros no se les perdona nada. Tal vez tenga que ver con preconceptos que la gente se hace de determinados actores de nuestra vida política. Comportamientos similares son considerados de distinta manera dependiendo de qué lado del mostrador se esté. Los argumentos ad hominem campean en determinadas tiendas, concentrándose en lo accidental y dejando de lado lo sustancial. Y tristemente estos comportamientos reciben premios, mientras se castigan algunas buenas ideas por el simple hecho de ser propuestas por quien no conviene a determinados intereses.

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Creo, y lo digo como una percepción y no como un hecho comprobado, que las expresiones que referí al comienzo tienen que ver con lo sucedido. La radicalización de ciertas posturas es el resultado de no haberse satisfecho las necesidades de solución que reclamaba la gente, hayan sido votantes de la reforma, o no hayamos introducido la respectiva papeleta.

Muchos quedamos esperando las prometidas, y tan ansiadas, soluciones a este tema. Por ahora seguimos esperando… y la espera parece que será larga. 

Y otra vez creo, y nuevamente lo digo como una percepción y no como un hecho comprobado, que también se mezcla el tema de los “outsiders” con la forma en que se condujo la campaña, sus códigos distintos y su no respeto por determinadas conductas del sistema. Pero esto será tema de otra columna… o no.

Hasta la próxima.


@dannyvile

4 comentarios:

  1. con respeto,me parece que tuviste una falsa ilusion,que quisiste creer en eso y lo difundiste,se sabia que aqui no se hace nada si no existe premura.es tarde para esta nota,saludos
    Vasco

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  2. con respeto,me parece que tuviste una falsa ilusion,que quisiste creer en eso y lo difundiste,se sabia que aqui no se hace nada si no existe premura.es tarde para esta nota,saludos
    Vasco

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  3. Un placer aun en la discrepancia.

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  4. Un placer aun en la discrepancia.

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