jueves, 10 de octubre de 2013

JUSTICIA POR MANO PROPIA, LEGÍTIMA DEFENSA Y EL DECAIMIENTO SOCIAL. Los puntos sobres las íes…

JUSTICIA POR MANO PROPIA, LEGÍTIMA DEFENSA Y EL DECAIMIENTO SOCIAL.

Los puntos sobres las íes…


Estamos asistiendo, desde hace un tiempo ya, a un conjunto de “acciones ciudadanas” que deberían ponernos en alerta.
Un día si, y otro también, leemos o escuchamos en las noticias que alguna persona, en defensa de su vida, integridad o propiedad, ataca a algún frustrado delincuente con resultado de lesiones o incluso de muerte. En la gran mayoría de estos casos, los operadores de la justicia intervinientes han entendido que se ha configurado la legítima defensa, o de no haberse configurado en forma plena, a lo sumo han procesado sin prisión a los que intentaron defenderse (salvo, tal vez y de memoria, a una o dos personas que salieron a perseguir por varias cuadras a los agresores o dispararon sin ton ni son hiriendo a personas ajenas a los hechos).
            No reflexionaré sobre la conveniencia o inconveniencia que la población civil se arme, o si es “justa” o “injusta” la aplicación de la legitima defensa por los jueces. No, nada de eso. Simplemente compartiré unas líneas referentes a mi interpretación de las causas, o consecuencias, que este devenir pueda tener en nuestro entramado social.

************  *  ************ 
            Hace ya tres siglos y medio Thomas Hobbes nos dio su “Leviatán”. En él discute, en medio de una guerra civil, de quién debe ser el poder (del Monarca o del Parlamento) y en base a qué es, efectivamente, que el poder debe estar en manos de alguno de ellos.
            Parte de la base que la naturaleza humana se puede reducir, como aspecto fundamental, a su  instinto de conservación. Concluye asimismo, que la naturaleza humana no hace distinciones entre los hombres, por lo que éstos son esencialmente libres e iguales. El lo llama “el hombre en estado de naturaleza”. La naturaleza humana es un instinto de conservación al que cada uno tiene derecho, pero la consecuencia de este derecho es un enfrentamiento entre las personas, es decir, las guerras.
            Avanzando en su teoría, los hombres, a los efectos de evitar estos enfrentamientos, deciden limitar su libertad. En tanto no hay una norma natural que regule la convivencia, los hombres crean una norma artificial que les permita vivir en sociedad: El Pacto Social. El nuevo orden social es un contrato por el cual los individuos renuncian a ser naturalmente libres. Así, el poder debe ser absoluto para evitar que los integrantes de la comunidad se enfrenten, no renuncien a su libertad natural y se vuelva a la naturaleza humana. Hobbes pretende crear unas condiciones que eviten ese enfrentamiento y que alguien mande a la fuerza (pido a mis lectores que tengan en cuenta, antes de condenar estas conclusiones, el tiempo y las circunstancias en las cuales se dieron).
           
Medio siglo después, John Locke avanza sobre estas ideas en su obra “Dos Ensayos Sobre el Gobierno Civil”. El justifica la existencia del Contrato Social en el hecho que podría darse que los hombres en “estado de naturaleza” no cumplieran con el derecho y deber principal del hombre natural: conservar su vida. Y en caso de incumplimiento, no existiría poder alguno que lo pudiese hacer cumplir. Se trata, por tanto, de crear una convención por la que se funde un orden social o civil que atienda únicamente a suplir esas falencias del estado de naturaleza, es decir, acordar una justicia o una autoridad superior que diga, en caso de choque entre dos personas, qué se debe hacer. El Pacto Social de Locke es bastante limitado. Tiende a proteger unos pocos derechos, pero no por ello poco importantes: libertad, igualdad, vida y propiedad (no referiré, por no ser objeto de las presentes reflexiones, las diferencias entre el contrato social que da forma a la sociedad y el que da creación al gobierno).
            Es posible que hasta aquí, mi apreciado lector, no haya logrado encontrar grandes diferencias entre uno y otro. Pero las hay, y sin duda no son menores. Hobbes era defensor del Estado Absolutista, con el poder en manos del Rey. Locke, por el contrario, afirmaba que el poder delegado por el Pacto Social debía estar en manos del Parlamento (entendido este como un conjunto de representantes de la comunidad). Profundizaba en este concepto afirmando que de estarse bajo un poder absoluto no se habría salido del “estado de naturaleza” pues en la monarquía absoluta, al confundirse los poderes, no hay imparcialidad por parte de éste y no hay manera de apelar o recurrir su sentencia, con lo que su existencia es incompatible con la existencia de una sociedad civil. Para que haya sociedad civil tiene que haber un juez separado del poder que sea imparcial respecto a los litigantes. (Leído esto, no en vano se le considera el padre del liberalismo político).
           
Unos setenta años después, pero ya cruzando el Canal de la Mancha, estas ideas son retomadas por Jean-Jacques Rousseau. Las mismas son resumidas en su obra “El Contrato Social”. Sus ideas tienen muchos puntos de contacto con Locke, y otros en los que se aparta.
            Rousseau entiende que el hombre original era bueno (“el buen salvaje”) y esa bondad va decayendo por la aparición de la propiedad, que genera el egoísmo y la maldad. El Contrato Social para él consiste en la eliminación de los egoísmos individualistas mediante la sumisión de cada ciudadano a la voluntad general (“volonté génerale”) unánime y asamblearia. El modelo político propuesto sería la democracia directa, o asamblearia. Afirma que la sociedad, si bien garantiza ciertas necesidades básicas, corrompe a los humanos al lanzarlos en competencia mutua. Pero se muestra convencido de que una vez abandonado el estado de inocencia originaria no cabe vuelta atrás, y solamente un acuerdo entre ciudadanos puede llegar a mitigar las consecuencias de una sociedad corruptora. Nace así, también para él, la necesidad del Contrato Social.

            Como venimos de ver, estos tres grandes pensadores propugnaban modelos distintos para la organización del gobierno. Vemos una defensa al absolutismo, una defensa al poder representativo y por último, una defensa al poder comunitario. En lo que si se parecen todos ellos es en el camino por el cual se llega a estos gobiernos, y el por qué la sociedad se organiza de la forma en que lo hace. Todo ellos entienden que el hombre, a los efectos de defender sus derechos inherentes, cede parte de su libertad a favor de un poder superior por medio de un Contrato Social, contrato por medio del cual intenta mejorar su calidad de vida en sociedad.
           
************  *  ************ 
            Los hechos que estamos viviendo en Uruguay se deben interpretar como una denuncia o una rescisión (al menos parcial) del Contrato Social. Rescisión que no es llevada a cabo sólo por quién balea a un delincuente que lo viene a agredir, sino también por todo el resto de la sociedad, en tanto parece estar de acuerdo y apoyar este tipo de acciones.
            No puedo, lisa y llanamente, condenar al individuo que se defiende de un ataque ilegítimo. Su instinto de supervivencia lo lleva a ello. Desde el punto de vista individual (el punto de vista del agredido), posiblemente, o casi seguramente, no existió otra opción.
Pero percibo que la sociedad como un todo (no ya como conjunto de individuos, sino como un órgano en si, si eso es posible) tiene el mismo sentimiento que el individuo, que como dijera, parece estar de acuerdo y apoyar estas acciones. Estamos volviendo al “estado de naturaleza”. Un estado en el que vale todo, en el que prima lo individual por sobre lo colectivo. Estamos tratando de retomar lo que alguna vez cedimos a favor de la buena convivencia (una “convivencia civilizada”), lo cual es un error.

Roto el Contrato Social, estaremos a la voluntad del más fuerte. Cuantos más vaciemos las renuncias hechas en el Contrato Social, menos libres seremos. Volveremos al “estado de naturaleza” o lo que es peor, a la ley de la selva.

viernes, 4 de octubre de 2013

SOBRE LA DELINCUENCIA Y OTRAS YERBAS… Los puntos sobre las íes….

SOBRE LA DELINCUENCIA Y OTRAS YERBAS…
Los puntos sobre las íes….

Tenía pensado reflexionar sobre el delito, sus causas y algunas medidas que se pueden tomar para intentar minimizarlo. Pensaba escribir sobre la diferencia entre marginalidad y pobreza, sobre el decaimiento de los valores en nuestra sociedad, y sobre otras cosas tan pesadas y aburridas como esas.

Pero, por suerte para Uds., un mail que me llegó me recordó un experimento hecho en Stanford hace 40 y pico de años… lo googlié y voilà, al releerlo vi que resumía mucho, aunque no todo, de lo que pensaba decir, pero de forma un tanto más amena….

Lo comparto con Uds.

"Teoría de las ventanas rotas"

En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Philip Zimbardo realizó un experimento de psicología social. Dejó dos autos abandonados en la calle, dos autos idénticos, la misma marca, modelo y hasta color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una zona pobre y conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados, dos barrios con poblaciones muy diferentes y un equipo de especialistas en psicología social estudiando las conductas de la gente en cada sitio.

Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser vandalizado en pocas horas. Perdió las llantas, el motor, los espejos, el radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que no, lo destruyeron. En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto.

Es común atribuir a la pobreza las causas del delito. Atribución en la que coinciden las posiciones ideológicas más conservadoras, (de derecha y de izquierda). Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí: cuando el auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto llevaba una semana impecable, los investigadores decidieron romper un vidrio del automóvil de Palo Alto, California. El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx de Nueva York y el robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo estado que el del barrio pobre. Por qué el vidrio roto en el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro es capaz de disparar todo un proceso delictivo?

No se trata de pobreza. Evidentemente es algo que tiene que ver con la psicología, el comportamiento humano y con las relaciones sociales. Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que todo vale nada. Cada nuevo ataque que sufre el auto reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos, cada vez peores, se vuelve incontenible, desembocando en una violencia irracional.

En experimentos posteriores (James Q. Wilson y George Kelling)  desarrollaron la 'teoría de las ventanas rotas', teoría que, que desde un punto de vista criminológico, concluye que el delito es mayor en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato son mayores.

Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro, y esto es algo que parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito. Si se cometen 'esas pequeñas faltas' como estacionarse en lugar prohibido, exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja y estas pequeñas faltas no son sancionadas, entonces, comenzarán a desarrollarse faltas mayores y luego delitos cada vez más graves.

Si los parques y otros espacios públicos son deteriorados progresivamente y nadie toma acciones al respecto, estos lugares serán abandonados por la mayoría de la gente (que deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), y esos mismos espacios abandonados por la gente, serán progresivamente ocupados por los delincuentes.



Mi intención inicial quedará para una futura entrada en mi blog. 

'ta luego.

sábado, 28 de septiembre de 2013

Reflexiones sobre el discurso de Mujica ante la O.N.U. Los puntos sobre las íes….


Reflexiones sobre el discurso de Mujica ante la O.N.U.

Los puntos sobre las íes….


Podríamos dar definiciones rimbombantes e inentendibles del significado de “lenguaje”, pero prefiero un acercamiento más intuitivo, en el que podamos ir construyendo este concepto en forma fácil y fluida.
Como primera aproximación, se puede decir que el lenguaje es un conjunto de señas, signos y símbolos el cual, convención mediante, permite que distintos individuos se comuniquen.
El lenguaje no es patrimonio de los seres humanos. Cientos de especies animales han desarrollado esta función, e incluso, le hemos enseñado nuestro lenguaje a especies distintas a la nuestra. La gorila Koko llegó a manejar más de mil “signos” del ASL que equivalen a unas dos mil palabras en inglés, e incluso logró expresar algún concepto abstracto. Pero esto último es excepcional. La abstracción – y la posibilidad de comunicar dichos conceptos abstractos – es una particularidad casi exclusiva del ser humano.
El lenguaje no es únicamente el habla, no es únicamente la expresión corporal y no es únicamente el movimiento. El lenguaje es todo ello en su conjunto. Y a lo anterior, como veremos más adelante, se le debe sumar el entorno.
Lenguaje también es el tono en que se realizan los intercambios de señas o el movimiento de los músculos de la cara, y lenguaje también es la apariencia personal.

**********************

Nuestro presidente habló ante la Asamblea de Naciones Unidas. Dio un discurso de casi tres cuartos de hora. Pronunció todas las “eses”, conjugó bien los verbos, no utilizó expresiones soeces ni dijo ningún “taaaaaaaaaaaaaa”.

Y muchos uruguayos se sorprendieron.

No deberían sorprenderse si releen los la introducción. El lenguaje está íntimamente relacionado con el ambiente en que se utiliza. No transmite los mismo un “no me rompa las bolas” dicho a un amigo en un asado que a un Juez en una audiencia o a un policía en medio de un procedimiento. Si bien las palabras son las mismas, la intención de lo que se desea transmitir no lo es, y tampoco lo es lo que se transmite efectivamente..
Y eso es lo que pasa con nuestro Presidente. Utiliza el lenguaje que entiende adecuado para cada ocasión y para cada auditorio. Desde el de un guapo arrabalero hasta el de un viejo filósofo superado.  Desde el “no sea nabo, Neber” hasta el preguntarse si “somos felices alejados de lo eterno humano”.

Y es partir de esto que nace mi cuestionamiento.

Hay un Pepe de consumo interno y un Presidente Mujica for export. El Pepe de consumo interno no pronuncia las eses al final de las palabras, conjuga mal los verbos, es una calderita de lata y a veces roza con lo soez. El Presidente Mujica for export, en cambio, utiliza una verbalización cuidada, no levanta el tono ni la voz, ni recurre a lugares comunes. El primero saca de las casillas a varios, el segundo encandila al mundo.

Sin querer emularlo, creo que “le erra al bizcochazo”.

La sociedad uruguaya, en especial sus integrantes más jóvenes, está en franco declive en cuanto a los valores que por décadas creímos adecuados. Y no me refiero a lo político. No. Me refiero al conjunto de valores que permitieron que Uruguay sea un lugar con gente de buen relacionamiento, de adecuado nivel educativo, inclusivo y tolerante. Un lugar, como se escuchaba hasta no hace tanto, donde valía la pena criar a nuestros hijos.

Hoy nuestros hijos, o muchos de ellos, toman de ejemplo al Pepe de consumo interno. Toman de ejemplo la imagen interna de él, la que se parece más al Viejo Vizcacha que a la de Sancho Panza o la de Pepe Grillo. Y esa imagen no es un buen ejemplo.

No discuto el poder de rapport que tiene el Pepe de consumo interno. Por el contrario, lo destaco. Y en tanto creo que ese rapport es casi inigualable, también creo que debería utilizarlo en un sentido opuesto. A través del Pepe de consumo interno se podría aprovechar para transmitir valores a nuestra juventud. Valores como el respeto, la perseverancia, el respeto por la educación, por el trabajo y tantos otros…

Es cierto y no me opongo, más aún hasta lo comparto, que se adapte el lenguaje de acuerdo al auditorio y al ambiente. Pero esa adaptación del lenguaje transmite, a su vez, en que lugar nos ubicó nuestro interlocutor. Y de acuerdo al lenguaje utilizado por el Pepe de consumo interno, el lugar en que estamos ubicados no es el mejor. Y si es lo que él piensa, debo decirle que está equivocado. Y si lo utiliza pensando que es la mejor manera de hacerse entender (ya que lo entienden tanto los “cultos” como los “planchas”), también debo decirle que está equivocado.

El Pepe de consumo interno debería cuidar su dicción (que ha mostrado que sabe ser buena). Los jóvenes que lo imiten chocarán con una pared al intentar progresar. No en vano el saber popular dice que la primera impresión es lo que cuenta. Todavía quienes tienen puestos de decisión son de la “vieja escuela”. Se sentirán más cómodos formando equipo con quién se exprese bien (o más parecido a ellos), o se “vista adecuadamente” (aunque no sepamos adecuadamente para qué). Por el contrario, les costará formar equipos con Pepes de consumo interno. No es lo mismo pedirle a los gremios que no dejen a los muchachos sin clase a decirle “no dejen a los gurises en pelotas”. Los que imiten al Pepe de consumo interno tendrán, por algún tiempo más, menos posibilidades de progresar, tal vez no por ellos sino por sus “evaluadores”. Y considero que no es bueno ignorar esta realidad.

El Pepe de consumo debería cuidar su vestimenta. Los jóvenes que lo imiten se enfrentarán, todavía, a gente de saco y corbata, Serán esos de saco y corbata –en la inmensa mayoría de los casos– quienes le abran o cierren las puertas a su progreso personal. No en vano su antecesor sabe usar tanto una campera de cuero como un traje hecho a medida. Los sabe llevar, y sabe cuando llevarlos.

El Pepe de consumo interno debería utilizar ejemplos o expresiones menos burdas. Me parece bien que simplifique sus expresiones para que su mensaje llegue a más gente, pero una cosa es simplificar, y otra cosa es bajarlo tanto de nivel que haga parecer que nos considera a todos una manga de Néberes..

El Pepe de consumo debería bregar por una sociedad mas educada (ahora no en referencia a los modales, sino al conocimiento) con un discurso y una actitud integral, en vez de dar mensaje contradictorios. No puede que por un lado hable de “educación, educación, más y mejor educación” y por el otro decir que tira la toalla porque contra el statu quo educativo no se puede. O quedarse callado cuando su “hermano” del alma se refiere a determinados profesionales universitarios como las “alimañas de Ciudad Vieja”.

El Pepe de consumo interno debería fomentar una cultura de trabajo, y no atentar contra ella. Su ejemplo a transmitir debería ser una sociedad más cercana a la abnegación de los coreanos por la superación (en el sistema económico-político que el entienda más adecuado) que una actitud Kung-Sanista de falta de hábitos de trabajo. Debería fomentar el trabajo comprometido y no el irse a pescar.

El Pepe de consumo interno debería ser más un Presidente Mujica for export.

**********************

Como Presidente, representa nuestra institucionalidad. Y como representante de nuestra institucionalidad, representa el imaginario del Uruguay. Y no me gusta el imaginario interno que intenta transmitir. Los uruguayos no somos así, o por lo menos, estamos a tiempo de no terminar así. En su carácter de representante de nuestra institucionalidad, nos debe respetar y lo más importante, debe respetarse a si mismo.

Tal vez un ejemplo tonto del decaimiento de nuestra institucionalidad sea el decirnos para adentro quienes fueron nuestros últimos presidentes…seguramente nos diremos tres apellidos, un nombre y un sobrenombre. Y en ese orden. Y ese es el camino que el Pepe de consumo interno parece fomentar. Lo formal, si bien menos importante que lo sustancial, no debe obviarse. Admito que se flexibilice, pero no que se lo tire a la basura. Son muchas de esas formalidades las que nos permiten coexistir en una sociedad civilizada y no decaer en la barbarie.

Supimos ser valorados en el mundo por el fútbol y por nuestra cultura. Hoy todavía quedan buenos jugadores de fútbol….


Y por si no quedó claro, hablo de los personajes, y no de la persona… y sepan perdonarme la extensión.


martes, 24 de septiembre de 2013

Sobre nacionales, ciudadanos y voto en el exterior. Los puntos sobre las íes….

Sobre nacionales, ciudadanos y voto en el exterior.

Los puntos sobre las íes….


Nuevamente aparece el tema del voto de los uruguayos que no viven en el país. Tema recurrente si los hay, y de difícil acuerdo.
            En estas reflexiones no me referiré a los distintos tipos de mecanismos que se pueden implementar (epistolar o consular) sino al acto del voto en sí.

            Debo aclarar, previo a ingresar en el tema, que lejos estoy de ser “constitucionalista”. No soy constitucionalista, ni soy director técnico, pero como buen uruguayo, opino sin miramientos en ambos temas. Y desde ya solicito las disculpas del caso por los disparates que pueda decir…

            Nuestra Constitución, a través de la coordinación de varios artículos, marca una pauta que no podemos soslayar. El derecho al voto se reserva a los ciudadanos o a los “no ciudadanos” afincados en nuestro territorio. En contraposición, no se lo otorga “sin más” a los nacionales. Para estos, en determinadas circunstancias, les exige algún requisito especial…

           Entrando en tema, ya desde el Artículo 1º de la Carta se establece que “La República Oriental del Uruguay es la asociación política de todos los habitantes comprendidos dentro de su territorio.”. No es la asociación política de los nacionales uruguayos, ni de los ciudadanos uruguayos, sino de los habitantes del Uruguay. Continúa con esta misma idea cuando en su Artículo 7º (tal vez el más importante a mi criterio, junto con los cuatro o cinco que lo siguen, el 72 y el 332) establece que “Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad. Nadie puede ser privado de estos derechos sino conforme a las leyes que se establecen por razones de interés general.”. Es decir, la protección de los derechos fundamentales e inherentes a la personalidad humana quedan garantizados para los que habitan en nuestro país.

Más adelante, la carta establece varias consideraciones que serán útiles a nuestro análisis:
  • La nacionalidad no se pierde (Art. 81).
  • La ciudadanía se puede perder (Art. 81 in fine).
  • La ciudadanía se puede suspender (Art. 80). Y tan normal es la suspensión de la ciudadanía, que todos los nacidos en nuestro territorio lo hacemos con la ciudadanía suspendida (en tanto nacemos siempre con menos de 18 años :) , numeral 3º del artículo citado) Otras causas de suspensión son la ineptitud física o mental, por estar procesado y pueda recaer pena de penitenciaría, por haber sido condenado a determinadas penas (entre ellas el destierro) y algunas más.
Nuevamente, vemos coherencia en el sistema, ya que la pena de destierro impide el ejercicio de los derechos de ciudadanía, es decir, no los puede ejercer el que es penado a no permanecer dentro del territorio nacional.

A estas reglas, deben agregarse algunas más:
  • No es necesario ser ciudadano para votar (consideración que va en línea con la definición del Art. 1º de la carta), a un extranjero le basta cumplir con lo establecido en el Art. 78 (15 años de permanencia, buena conducta, familia constituida, propiedades, profesión o comercio…etc., etc.….).
  • El voto es un derecho de los ciudadanos. Tal como establece el Art. 77, “Todo ciudadano es miembro de la soberanía de la Nación; como tal es elector y elegible en los casos y formas que se designarán.” Este derecho también se le da a los extranjeros del Art. 78, pero la Carta nada dice en relación a los nacionales. Tampoco es un derecho permanente, o al menos no es permanente su ejercicio. Como ya hemos dicho, el ejercicio de este derecho puede ser suspendido o incluso la ciudadanía se puede perder.
  • Además de las causas de suspensión de la ciudadanía establecidas en el Art. 80, existe una más que surge del Art. 81. Dicho artículo establece que si bien no se pierde la nacionalidad uruguaya por adquirir otra, si se le suspende el ejercicio de los derechos de ciudadanía en caso de vivir en otro país habiendo adquirido otra nacionalidad. No se puede arribar a otra conclusión ya que el final del primer párrafo establece que “…bastando simplemente, para recuperar el ejercicio de los derechos de ciudadanía, avecinarse en la República e inscribirse en el Registro Cívico.”. Es decir, si se establece una condición para recuperar el ejercicio de algún derecho (en este caso los que derivan de la ciudadanía), es que esos derechos estaban perdidos o suspendidos.
  • En todos los casos se exige para ejercitar el voto anotarse en el Registro Cívico (Arts. 77, 78 y 81)

Resumiendo todo lo anterior, y de acuerdo a lo que surgiría de nuestra Constitución, podemos establecer varias categorías:






Afincados
No afincados
Nacionales sin otra nacionalidad
Nacidos en Uruguay
Pueden votar
Pueden votar
No nacidos en Uruguay
Pueden votar
No pueden votar
Ciudadanos sin otra nacionalidad


Pueden votar
Pueden votar
Ciudadanos con otra nacionalidad


Pueden votar
No pueden votar
No ciudadanos


Podrían votar
No pueden votar
Nota 1: siempre es necesario, para poder votar, no estar en alguna previsión de ciudadanía suspendida y 
estar inscripto en el Registro Cívico. Nota 2: el término “afincado” se utiliza en sentido amplio.

Como se puede apreciar, el problema se da entre a) los nacionales nacidos fuera del territorio nacional y b) entre los nacidos en el Uruguay que han optado por otra nacionalidad y que no están en el país. Y en ambas situaciones la Constitución es clara: deben avecinarse al territorio e inscribirse en el Registro Cívico.

Los nacionales nacidos fuera del territorio nacional (hijos de padre o madre uruguayos, por ejemplo) no son ciudadanos naturales mientras no cumplan estos requisitos (Art. 74 in fine), y como tampoco son ciudadanos legales, no pueden votar. Los nacionales ciudadanos naturales que optaron por otras nacionalidades (lo que ha sucedido con la gran mayoría de los emigrantes que optaron por Europa o Israel, no siendo tan así los que optaron por otros destinos), tampoco podrían ejercer el derecho al voto mientras no se “avecinen” al territorio uruguayo (Art. 81).

Surge por tanto que el uno de los grandes problemas que se plantea (a nivel práctico) es poder diferenciar entre los que viven fuera de Uruguay y tienen derecho a voto con los que viven fuera y no lo tienen. Esto no lo puede hacer Uruguay por sí mismo, sino que requeriría la colaboración de los Estados en donde estos uruguayos están afincados Lo cual lleva a dos nuevos problemas. 
El primero de ellos es la desigualdad que se podría dar para el caso de encontrarnos con Estados que sean colaboradores y Estados que no lo sean (que podría ser en parte solucionable poniendo como carga del interesado obtener algún tipo de constancia de no tener doble nacionalidad, si es que tal constancia existe). 
El segundo, tal vez mucho más grave a los intereses de los uruguayos emigrados que no hayan regularizado su situación en el país de acogida, es la reacción que pueda tener dichos países al enterarse de la existencia e individualización de un montón de “ilegales”.

Concluyendo con estas reflexiones, lo único que queda por agregar es que a mi entender este tema no puede ser resuelto en su totalidad por una reforma de la Ley Electoral (reforma que requiere una mayoría especial de 2/3 de los integrantes de cada Cámara), sino que de querer incluirse a todos los nombrados, debería modificarse la Constitución.


El tema de la conveniencia o inconveniencia, así como de las distintas alternativas para la eventual representación de los uruguayos migrantes será motivo, tal vez, de alguna futura entrada a mi blog.

viernes, 20 de septiembre de 2013

Conversión de deudas de U.R. a U.I. Los puntos sobre las íes….

Conversión de deudas de U.R. a U.I.

Los puntos sobre las íes….


        Nuevamente, y como sucede en forma periódica, un legislador tuvo la idea de proponer cambiar las deudas asumidas en una moneda por otra (en este caso, Unidades Reajustables a Unidades Indexadas). Como argumento, poco original por cierto, expresó que la UR había tenido variaciones muy por encima que la UI.


       Cerca de un 40% dijo…No escuché de que periodo hablaba, pero por el porcentaje manejado, se debería estar refiriendo al periodo de gobierno del FA.
           
        Veamos ejemplos numéricos. En primer lugar, vemos una tabla con los datos del periodo de gobierno de Tabaré Vázquez y de José Mujica. En el segundo vemos lo que sucedió en la presidencia de Jorge Batlle.

Ejemplo 1:





Variación

IPC
UR
IMS

IPC
UR
IMS
Mar-05
67.33
$ 253.93
70.04




Feb-10
94.92
$ 434.87
126.13

40.98%
71.26%
80.09%








Mar-10
95.82
$ 459.84
126.50




Ago-13
124.59
$ 653.43
181.85

30.03%
42.10%
43.75%

Ejemplo 2:





Variación

IPC
UR
IMS

IPC
UR
IMS
Mar-00
125.81
$ 197.00
54.06




Feb-05
183.52
$ 219.65
60.44

45.87%
11.50%
11.82%

Datos obtenidos de www.ine.gub.uy
           
De estos dos ejemplos podemos sacar algunas conclusiones:

  1. El IPC (base de cálculo de la Unidad Indexada) varía en forma independiente a la UR y al Índice Medio de Salarios (IMS).
  2. La UR y el IMS tienen una correlación directa. Esto no podría sorprender dado que  la UR varía, por mandato legal, de acuerdo a las variaciones del IMS (Ley 13.728 de 17 de diciembre de 1968).

Además de lo anteriormente expresado, agregaré una premisa más a mi análisis: La enorme mayoría de los ahorristas del B.H.U (o llegado el caso de la A.N.V). son asalariados, por lo que sus ingresos varían en relación directa a la U.R. o al I.M.S., y sin relación alguna con el IPC (y por tanto sin relación alguna con la U.I.).

Con los datos a la vista, ¿el legislador hubiese hecho esta misma propuesta en el 2005? Obviamente que no, ya que la situación era totalmente inversa.

Esto lleva a mi primera crítica a la propuesta. Dado el carácter de los préstamos para vivienda (seguramente con plazos cercanos a los 25 años), el periodo tomado en cuenta es apenas de 1/3 del plazo total, por lo que en los otros 2/3 pudo o podrá suceder todo lo contrario, como sucedió en el lustro inmediatamente anterior. No se deberían tomar decisiones sobre asuntos que abarcan dos décadas y media por lo que coyunturalmente sucede en un periodo particular dentro de las mismas.

      Por otra parte, y asumiendo que los beneficiarios son asalariados, ¿no deberían estar más tranquilos sabiendo que sus deudas, y por tanto sus cuotas, se ajustan aproximadamente de la misma forma que sus ingresos, y no de acuerdo a un índice que les es ajeno? 
         Yo lo estaría. 
       Es la diferencia entre el calce y el descalce, diría un economista amigo, y no se refiere a los zapatos. Con la propuesta realizada por este legislador, y si estuviésemos en la presidencia de Jorge Batlle, su salario hubiese aumentado aproximadamente un 11.5%, mientras que su cuota de vivienda lo hubiese hecho en un 46%!!!

       La propuesta tuvo algún aditamento más: pasar las diferencias generadas por el cambio de actualización para el final, y una vez arribado el plazo, condonarlas (salvo esto último, recuerdan mucho a los famosos “colgamentos”, de tan triste memoria para los deudores del BHU). Argumentaba que lo que pretendía era cuidar la salud financiera de la institución. La realidad es que la “salud financiera” no queda cuidada. En tanto los deudores pagarían menos, los ingresos del BHU serían menores, y el desfasaje financiero aparecería en muy corto plazo. Esta propuesta lo que contempla es otro asunto. Al pasar esos “préstamos no reintegrables” (increíble invento uruguayo, como las ferias fijas de vendedores ambulantes!) para el final, y mientras no se condonen, SIGUEN FIGURANDO COMO ACTIVOS EN EL BALANCE DE LA INSTITUCIÓN. No se mejora la salud financiera de nadie, pero se logra un precioso maquillaje de los balances del banco, manteniendo como “activos” lo que debería ser “pérdida” (¿se acuerdan el nacimiento de los fideicomisos en este país?).

        Por último, todas estas soluciones siempre olvidan algo, o mejor dicho a alguien: olvidan a los pobres ahorristas que todavía no tienen su vivienda, y que con cada movida de estas ven más lejana su posibilidad de tenerla. Cuanto menos dinero recupere el BHU (o la ANV, llegado el caso) menos dinero tendrá para financiar nuevos emprendimientos. Salvo que, y siempre hay un “salvo que”, el BHU sea asistido por el gobierno con dineros frescos. Estos dineros provendrían de nuestros impuestos y al ser destinados a estos menesteres, otros menesteres se dejarán de hacer. O deberán aumentar la carga impositiva.

Y si esto sucediese, todos nosotros, los contribuyentes (propietarios, inquilinos, o sin techo, independientes, asalariados o desocupados), terminaríamos financiando las viviendas de quienes no paguen el préstamo contraído en las condiciones pactadas.